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ARTE Y PATRIMONIO PARA 2º AÑO

REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MARACAY- ARAGUA
U.E.P.    C.E.D.I.
AÑO ESCOLAR 2019-2020
ARTE Y PATRIMONIO PARA 2º AÑO
PROFESORA: MARÍA GABRIELA RUIZ


BUENOS DÍAS JÓVENES, YA FINALIZANDO ME GUSTARÍA QUE LEYERAN ESTE PEQUEÑO ESCRITO SOBRE EL ARTE

El arte es una noción abstracta, fruto del concepto del ser humano, de su obra y de la naturaleza. Depende de cómo ve la sociedad el mundo en su época, el mundo de cada época. Pero, sin embargo, es atemporal, porque el observador de la obra de arte la interpreta según su sistema de valores actual, revalorizándola cada vez. El observador de una obra de arte se convierte, así, en artista.
Las primeras manifestaciones de lo que llamamos arte están relacionadas con la magia: las pinturas rupestres, las estatuillas de dioses, etc., del arte prhistórico. Según Levy-Strauss es la combinación del mito primitivo y la habilidad técnica. Pero lo que llamamos arte ha evolucionado hasta dejar de tener ese sentido mágico para pasa a tener, exclusivamente, un sentido estético. En todas las épocas ha habido una tensión entre estética y didáctica, según el concepto y la función que se tuviera del arte. Según las épocas ha dominado una u otra.
Desde Grecia el arte ha estado vinculado a la naturaleza, la cual se interpreta de forma más o menos idealizada o realista. Aunque la forma de imitar la naturaleza cambia con las épocas. Sin embargo, siempre ha habido una tensión entre realismo y abstracción, entre la imitación fiel y la idealización más o menos simplificada. La abstracción llegará a su punto culminante en el siglo XX, con la abstracción no figurativa, que Kandinsky llamaría arte total.
Desde el siglo XVIII el arte se concibe como un juego, el arte por el arte, que dirían los románticos, la estética pura, y el elemento decorativo sin más complicaciones. Pero el arte también, en la medida que interpreta la realidad, sirve como espejo de la época, y como vehículo de denuncia social y de transformación humana.
En el siglo XIX el liberalismo adopta una nueva concepción de lo que es el arte, la proyección de la personalidad genial del artista y de sus sentimientos; como Van Gogh que expresa subjetivamente su psicología. Aparece en el arte una tercera tensión: entre la imitación fría y la expresión. El expresionismo en el arte lo encontramos en todas las épocas, pero nunca tan claramente como en el siglo XX.
La fotografía ha liberado al arte de su obsesión por la imitación, por lo que ha de buscar otros caminos que le definan y le individualicen.
No hay, pues, un concepto de arte universal, ni un lenguaje universal del arte, cada época y cada cultura tiene el suyo e interpreta las manifestaciones artísticas desde su punto de vista.

El arte para los egipcios
Para los egipcios el arte es la representación de la divinidad, los faraones la vida de ultratumba y el más allá.
El arte egipcio se caracteriza por su gigantismo, su hieratismo y su serenidad. Sólo la vida espiritual es digna de representación.

El arte para los griegos y los romanos

Esta es la que se conoce como época clásica del arte, y de la historia de la humanidad. En ella es el ser humano lo que merece ser representado.
Para los griegos el arte busca el hombre ideal, sin defectos, y para los romanos el hombre real, el retrato, en el que se destacan las virtudes del hombre concreto. Se busca la perfección del cuerpo humano; para lo que se utilizan arquetipos en perfecto equilibrio.

¿Por qué el mundo clásico identificó el arte con la belleza y el ideal?

El mundo clásico que identificó el arte con la belleza y el ideal es el mundo griego, no así el romano, que encontró en el retrato, en el hombre concreto y no ideal, su canon de belleza.
No obstante, el concepto de belleza es algo que cambia con el tiempo, la sociedad y la cultura. Esta identificación de la belleza como imitación de la realidad, como abstracción de la realidad concreta para mostrar la esencia del hombre y la naturaleza tiene mucho que ver con el mito de la caverna de Platón, según el cual lo que vemos no es más que un reflejo deformado de una idea perfecta (dicho a lo bruto). Así pues, para la Grecia clásica lo que el arte debía reflejar no es la realidad concreta sino la realidad idealizada en sus formas perfectas. Perfección que se substanciaba en el  canon: la relación entre sección y altura, y la proporción entre todas las partes, las proporciones del hombre. Es, pues, una opción cultural y no universal.
No tuvieron este ideal ni egipcios, ni mesopotámicos, ni persas, ni chinos, ni indios, ni los pueblos precolombinos, y los romanos sólo en parte. La vigencia de ese ideal en nuestro mundo occidental de hoy se debe más a su revitalización durante el renacimiento que a una continuidad cultural, rota, en buena medida, durante el románico y el gótico.

El arte para los cristianos

Para los cristianos el arte es la representación alegórica de la divinidad. Se usa el símbolo: el pez, la paloma, el buen pastor, la cruz; como imagen de Dios. Se puede sacrificar la representación fiel de la naturaleza hasta llegar a ser inexpresivo y estético, porque las cosas no representan lo que son, sino que hacen referencia a otra cosa: tienen un rol.
En el arte románico se da la liberación del peso del tema. Aparecen el  pantocrátor, el Cristo en majestad, el Hijo de Dios omnipotente, la Virgen de los cielos, etc. Todas las señales de identidad del universo iconográfico cristiano.
El arte comienza a preocuparse por la representación de la naturaleza cuando se empieza a ver en ella la obra de Dios, y por lo tanto es, también, digna de ser representada. Un proceso que comienza en torno al año 1000. Es la época de Bizancio y la del gótico, pero sin abandonar su función didáctica y su expresividad, ni su intención de conmover. La obra de arte pasa de ser belleza sentida a ser belleza espiritual, gracias a su simbolismo transcendente.

El arte del Renacimiento

En el renacimiento el hombre recupera su protagonismo como primer objeto artístico, según la tradición grecorromana. El hombre es la obra más perfecta de Dios. Se recupera el retrato y la naturalidad sin hieratismo, de la mano de la nueva burguesía.
Se pinta la figura humana, independientemente de lo que represente, virgen o cortesana, Apolo o Cristo, lo que importa es la figura humana. El tema interesa poco, pero sí lo bello frente a lo representativo.
El objeto del arte es el mundo natural, la imagen del mundo que se identifica con la civilización. Hay un nuevo humanismo y una mentalidad burguesa que busca al hombre ideal en equilibrio con la naturaleza.
En su última etapa, cuando está conseguidas todas las soluciones técnicas, se pinta a la manera de..., es el manierismo, que utilizará todos los tipos clásicos de manera virtuosa.

El arte en el Barroco

En el barroco la figura humana se alza como objeto decisivo del arte, pero no en su forma idealizada, sino en cualquier aspecto, ya sea este bello o feo, sublime o cotidiano. Además, aparecen, también, otros temas más banales, que toman carta de naturaleza y se ponen en primer plano de la composición, como los animales, lo inanimado, la caza, los bodegones, los trabajos, etc. La consigna es el realismo.
En Holanda, la escuela flamenca aprecia el intimismo como un valor dentro del arte. Aparecen los primeros paisajes como protagonistas, aunque siempre humanizados.
En su última etapa el rococó lleva al arte el triunfo de la pura estética y la belleza intrascendente.

El arte en el siglo XIX

Ante lo intrascendente del arte rococó hay una reacción neoclásica, en la que se entiende el arte como un medio de educación, didáctico, al servicio del racionalismo estético y el espíritu crítico. Se recuperan los temas clásicos y mitológicos. Con lo que se desvinculan los temas representados de la propia época. Pero estos toman un carácter moral, la moral de la burguesía capitalista que empieza a triunfar.
No obstante, como reacción aparece el romanticismo que trata los temas de su tiempo, y expone la concepción de la vida burguesa. Aparecen los paisajes como motivo central, lo que implica un cierto distanciamiento de la función didáctica y una aproximación a la función estética.
Aquí también se encuadra la figura de Goya, una personalidad genial que representa lo feo y lo expresivo como forma artística.

El siglo XX

El impresionismo inicia el camino hacia la abstracción, una de las aventuras más apasionantes del arte: la consecución de la belleza artística por sí misma, sin vínculos con el mundo real. Ya no se imita a la realidad, se interpreta de manera más o menos real. Cada vez se da más importancia al color, a la forma, al paisaje y a las sensaciones que produce su combinación en la composición, y menos a su vinculación con la realidad. Una obra es bella por las combinaciones de colores y por sus formas, no por su parecido con la naturaleza.
El expresionismo apela a la intimidad y a la intuición, trata de conmover despertando los fantasmas subjetivos que cada uno llevamos dentro, en un mundo desquiciado por la tecnología, las guerras mundiales y el capitalismo industrial.
En el siglo XX se producen las rupturas con el lenguaje artístico que ha venido siendo aceptado desde el arte clásico. Se subvierten las relaciones entre forma y contenido, la hegemonía del inconsciente, de la reconstrucción mental de la obra. Al espectador se le exige una nueva actitud ante la obra de arte.
Fruto del fenómeno urbano surge una nueva arquitectura que rompe con todas las tradiciones. Es un arte urbano para una sociedad urbana. Hay una tensión radical entre abstracción y figuración, que tiende a la pureza y a la simplificación del mensaje.
Las nuevas tecnologías han cambiado, ya, la técnica del arte. Con el vídeo aparece el tiempo en la contemplación de la obra de arte, y con las posibilidades de la informática la interacción entre la obra y el espectador. Aparece un nuevo arte que ya es presente pero que habrá de desarrollarse en el siglo XXI.
Apreciados jóvenes es importante ampliar nuestros conocimientos y prender que el arte es una de las formas de conocer lo que fuimos y lo que somos, cuáles son nuestra raíces  y valorara el tesoro que guardan nuestros museos.
Permitamos que el arte pase a formar parte de nuestras vidas.